Santiago del mal

Tomé la idea del europeo

me sumergí en Santiago

hacinados

para desenterrar los símbolos de la capital.

 

¿Quizás por el centro?

 

Alameda,

recibimiento de bocinas agudas y graves

autos

con su ruido prolongados rebotando,

solamente aromas a metal (,) orina.

 

¿Quizás más interior?

 

Micros,

Bienvenida de pitos y conductores

chatos

saltando por los cráteres del pavimento

la gente separada mirando sus smarts.

 

¿Quizás más juntos?

 

Metro,

formé parte de la humedad

el metro cuadrado que nos convierte en

unos

todo sin querer y por accidente.

¿Dónde están

 

Esas piernas de mármol

(que ahora serían de Touch)

que involuntariamente

entremedio de los líquidos del transporte

se mostrarían como en el poema del francés?

 

¿Quizás más arriba?

 

Fui al falo más alto de la ciudad

donde el monopoly cobra por ver

hoyos

me sentí como en ese libro del dragón

debajo de la caca viven los pobres.

 

¿Dónde está la fugacidad?

 

Terminal,

gente escapando de la cuenca

estáticos

símil consultorio de esperas

interminables.

 

En la salida, ese momento

no muslos, sino dedos largos

valiosos

brillantes arrebatados por cometas

con sonrisas maliciosas.

 

Santiago del Fin,

llego a la casa y me doy cuenta (de)

que fue un chileno y

que también soy chileno

no europeo

 

—ando puro tonteando

 

N.F.

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