Con tenedor

Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete y ocho. Y seguir. Siempre los impares con el pie izquierdo y los pares con el derecho. Seguir todo el camino de la casa al colegio, del colegio a la casa, hasta llegar a la perfección del sesenta y cuatro, y vuelta a empezar. 
 
¿Por qué hasta el sesenta y cuatro? Porque si se empieza con el izquierdo, se termina con el derecho. Y si es así, lógicamente se empieza con un número impar y se termina con un número par. Y si es un número par, debe ser un múltiplo de ocho, siendo el ocho el número más par de todos los pares. ¿Por qué? Porque el número par primigenio es el dos, y dos por dos son cuatro, y cuatro por dos son ocho. Y así, el sesenta y cuatro es ocho por ocho, la perfección absoluta.
 
Dentro de la casa también. Es más difícil, porque los desplazamientos son menos directos, más ilógicos, como una mosca atontada a la hora de la siesta en verano. 
 
Pero lo más importante de todo es cerrar el día. ¿Qué hacer si se llega a la cama, y la última pisada es un número par con el pie derecho, y ese número no es sesenta y cuatro? La solución es simple. Al sentarse en la cama, se toca el piso con ambos pies, simultáneamente, contando de dos en dos, hasta llegar al sesenta y cuatro.
 
(El horror de dormirse en un sillón, llegar en los brazos de alguien a la cama, y despertar al otro día sabiendo que el día anterior no fue debidamente cerrado en una serie completa de sesenta y cuatro pasos.)
 
(El horror de levantarse al baño sin salir del sueño por completo, y que el pie derecho llegue al suelo antes que el izquierdo.)
 
Tratar de cancelar el desequilibrio con una pisada izquierda fuerte, casi dos semicorcheas seguidas, con una rabia líquida que empieza en la primera costilla izquierda y se acaba en la última costilla derecha.
 
Dos pasos por cada pastelón de la vereda. Un paso en cada cuadro del parquet. En caso de baldosas, hacer caber el pie de manera simétrica en cada cuadro, pisando cuadro por medio. Mantener los ángulos rectos al doblar, dentro de lo posible. Al advertir miradas curiosas, seguir adelante y cancelar el desequilibrio cuando nadie esté mirando.
 
(Cuchara, tenedor y cuchillo. Es evidente que la cuchara va a la izquierda, el tenedor al medio y el cuchillo a la derecha. Porque la cuchara es la mamá y protege a los demás (su naturaleza es contener); el cuchillo es el papá y debe dejar su filo hacia afuera para no dañar a su familia sin querer (su naturaleza es cortar); y obviamente el tenedor va al medio, porque aún no ha aprendido a contener líquidos (como su madre) y no hay que dejarlo salir al mundo para que le haga daño con sus puntas.)
 
Irse a dormir otro día sin haber alterado jamás el equilibrio, habiendo terminado una serie perfecta más de sesenta y cuatro pasos en línea recta.
M.C.
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