Antes

Esto fue antes de que se muriera la mora y que le abrieran las venas a Vicuña por tercera o cuarta vez. A lo largo de la avenida, una franja de verde que recorría tres estaciones de metro. En ese entonces, decidí levantarme temprano para pasear con la mora. Alternábamos entre caminar y correr. Me engañaba a mí mismo pensando que quizás podría bajar algo de peso. Cuando la conocí, también estaba paseando a su perra. Hablamos un rato y después cada uno seguía con su camino. Ahora no sólo iba en las mañanas sino que también en las tardes y llevaba un dolor de estómago conmigo. Sólo quería que nuestras perras se encontraran. Hasta que abrieron Vicuña. Hasta que la mora se murió. Hasta que dejé de verla. Quizás si la mora no hubiera muerto. Quizás si no la hubieran abierto. Quizás.

N.F.

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