Esto

Nos cincelaban la cabeza con Foucault y Derrida
y a la salida
de clases
nos íbamos con una sopaipilla pa la casa
teorizando Esto como si estuviéramos en Europa.
Como si se pudiera pensar Esto con las ideas de afuera.

Nos enseñaban a apreciar lo bello y lo moderno
y lo conversábamos después
con el feo sabor de la cerveza barata
en bares con baños anacrónicos.
Nos decían que con cada página que leíamos
le ganábamos una batalla a Esto;
pero la filosofía no nos alcanzó
ni la teoría literaria
ni todo el pensamiento occidental.

Al final
cuando llegó Dussel ya era tarde:
era de noche.
Las protestas en la calle no nos dejaban leer.
Llegó Said y ya no sabíamos qué pensar
(ni si pensar Esto era una buena idea).
Porque ya lo habíamos soñado todo,
habíamos despertado,
y ante el horror de todo Esto
nos dormimos con Conrad al centro
de este corazón.

M.C.

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