Eyzaguirre con San José

Lo veo todos los días cuando vengo
de vuelta del trabajo
no importa cuál trabajo
cualquier trabajo.

Sus ojos celeste pálido casi blanco
escondidos en la madera de su cara
en la maraña oscura de su cabeza.
“Una monedita”, le canta a nadie
alargando el final.

La primera vez que lo escuché
no pude unir esa voz tranquila
a las guerras que se leían en su frente
al aire que entraba por sus zapatos.

Quizás la monedita era para vino
para el albergue
para algo.
Pero hacía frío, así que un día
le llevé una chaqueta
para que usara encima de las cinco camisas.

No me escuchó la primera vez
la segunda me miró como si estuviera lejos
la tercera se ofendió.
“Pero hace frío”, le dije.
Me ignoró y siguió cantando
concentrado en el pavimento.

Lo veo todos los días
todos los días cuando vengo
de vuelta del encierro.
No importa cuál encierro.
Cualquiera de estos encierros.

M.C.

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