Dos

Cuando le pedí que parara, siguió con más fuerza. Como si le hubiera pedido lo contrario. Cuando se lo pedí por segunda vez, me dijo que le faltaba poquito. No era verdad. No hubo una tercera. El vómito que sentí venir nunca llegó. El que quería desparramar en su cara, en lo posible en su boca abierta. Sentí que me iba a cagar por la boca. Me llevé mi consciencia a otra parte y esperé que terminara. Podría haber juntado fuerza y haberlo rechazado con mi cuerpo entero, haber empujado hacia arriba con mi cuerpo entero. Pero arropé a mi consciencia, le dí un beso en la frente, y le pedí que me esperara ahí. Hasta que se me quitara la vergüenza y pudiera mirarla a la cara otra vez.

M.C.

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